No sé en qué momento decidí usar Isabel como alias cuando, en un universo austeniano, yo soy mucho más Elinor Dashwood que Lizzy Bennet. Eso ya lo corregí con el título de este blog y con la re-lectura y re-visión de Sense and Sensibility (versión de la BBC de 2008 con Dan Stevens haciendo de Edward Ferrars- suspiro-). Creo que Sense and Sensibility es mi novela favorita de Austen, más que Pride and Prejudice incluso. O tal vez depende del momento de la vida en que me encuentre.

Pero sí, yo soy mucho más Elinor. Siempre contenida, siempre sensata, siempre reprimiendo emociones, tratando de ver las cosas de forma fría y distante porque es lo que pide el sentido común. Siempre rebajando mis propias expectativas y las de los demás. Siempre esperando a que todo vaya bien para poder pensar que todo va realmente bien.

Y eso me hace pensar en toda esta teoría mía de ir paso a paso siempre (mi marido dice que es un tipo de gamificación, pero ya intentaré hablar de eso otro día). Cuando doy un pasito no me permito ni media hora para disfrutarlo ni para pensar: “joder, qué bien”. No, mi masoquista y megarrealista interior me dice que me centre ya en el siguiente paso y que, si ese siguiente paso también va bien, entonces podré disfrutarlo un poco. Pero llega el paso siguiente y entonces pienso en el que va después y así al final esto es un ejercicio constante de contención y autocontrol.

Me pasó algo parecido con la operación de este verano. Cuando subió el médico y dijo que todo había ido bien, le dije a mi familia que nada de celebrarlo hasta los resultados de anatomía patológica. Llegaron los resultados y había un motivo enorme para celebrar y tampoco les dejé, les dije que al final del verano, cuando supiera que la cicatrización había ido bien y que estaba todo cerrado y olvidado. Entonces les invité a un bocata.

Así que ese exceso enfermizo de sensatez no me deja disfrutar de mis pequeñas victorias de cada día. Y a veces tendría que ser capaz de disfrutar ese pequeño paso porque a lo mejor (o a lo peor) en el siguiente ya no hay victoria que valga.

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