Como siempre hemos sido una familia un poco gitana, el día de la punción, además de mi marido, mi padre también se vino a la clínica. El hombre está jubilado y como me encanta que me acompañe a los sitios y no me da vergüenza ir con mi padre estando al borde los 40, pues él se vino tan feliz. Llegué, me mandaron a una habitación como de hotel, me cambié con el pijama que me había comprado un par de días antes en Primark por 5€ (¿para qué coño gastarme más para que luego saliera todo mal?) y me pusieron la pulsera de hospital, como si no fuera a salir de allí nunca. Mi padre me hizo una foto, la mandó al grupo de la familia y puso: “aquí la niña, que pasa de ir al FIB a hacerse una FIV”. La niña tenía ya 38 y medio.

Por eso, cuando llegué a ese capítulo sobre ese post no publicado del libro de Silvia Nanclares, empecé a hacer fotos a la pantalla del Kindle y a mandarlas al grupo de la familia. Que no estoy loca, joder, que no estoy loca. Fue extrañamente reconfortante leer su descripción de cómo tal vez se dejó su fertilidad poco antes del apocalipsis del velódromo durante el concierto de Veruca Salt. Yo estaba en Inglaterra ese verano. El siguiente me quedé dormida viendo a Spiritualized, ya en el recinto. Igual mi fertilidad se quedó allí, como las llaves de la casa donde tenía que ir a dormir después.

Después de la recomendación de Verena, quise comprarme el libro, pero me entró tal urgencia que lo compré en Kindle y eso que intento leer en papel todo lo que puedo. Cosas del reposo, como no tengo que invertir una hora en ir y volver de la oficina, ni que perder horas y más horas en reuniones estúpidas, ahora de repente tengo tiempo de leer y el libro de Silvia Nanclares no me ha durado más de 48 horas. Sol en el patio, insomnio del primer trimestre, momentos de neura y bajón a lo largo del día y el libro en un par de meriendas y desvelos.

Básicamente es el libro que le voy a decir que lea cualquier persona que me pregunte que cómo lo llevo o que cómo lo he llevado. Es complicado imaginarse qué pasa por la cabeza de una persona infértil. Tengo una amiga que tuvo a la primera niña por FIV y ser madre era la ilusión de su vida. Yo me lancé de cabeza a la primera FIV por una mezcla entre la urgencia de que mi reserva ovárica empieza a ser próxima a cero y que quería vengarme del cáncer. Quise ser madre cuando supe que casi no podía y cuando me vi con el agua al cuello. A veces me siento mal por ello, por no haber sentido ese instinto maternal que teóricamente lo llena todo, pero las cosas fueron así.

Eso es tal vez lo que más me gusta del libro, que no cuenta la historia típica de la pareja que siempre ha querido tener hijos y bla bla bla, sino que aborda un montón de situaciones peculiares, de parejas o de personas solas que han terminado tomando la decisión en el momento que simplemente les ha terminado apeteciendo. Me ha recordado también un montón a todo el terremoto interior que me supuso a mí el tratamiento. Nunca me cansaré de decir que los pinchazos no dolieron, lo que dolió fue llegar a plantearme casi cada decisión que había tomado. Yo siempre he sido consecuente y siempre he estado orgullosa de mi forma de vivir hasta que las hormonas empezaron a hacer que me lo planteara todo. Por suerte, eso pasó y la vida volvió de alguna manera a su cauce.

Y claro, la locura de los meses de búsqueda natural. Llegué a tener una especie de diario en Google Drive con todos mis psicosíntomas que borré cuando volvieron los problemas en el cuello de mi útero. Llegaron también las dudas de si entrar o no entrar en internet y leer todo tipo de barbaridades. Yo he tenido una relación un poco extraña con esto de internet y de las comunidades de infértiles. Ni cuento ni he contado casi nada de mi tratamiento hasta que terminó porque siempre he necesitado un poco de distancia higiénica.

En general no me he sentido nada identificada con la literatura sobre la reproducción asistida ni sobre la maternidad y leer este libro ha supuesto una pequeña reconciliación con el mundo infértil y cuerdo. Me ha pasado algo muy parecido con ‘No Madres’ de María Fernández-Miranda o como cuando empecé a leer a Caitlin Moran al borde de la piscina, como si hubiera un mundo sensato e intermedio entre el feminismo de manual y el talibanismo maternal este que se lleva ahora (otro día hablaré de cómo ese talibanismo también hizo que durante años ni quisiera oír hablar de ser madre). Otro día hablaré también de ‘No Madres’ que al final no me gustó nada pero me hizo pensar, tengo tantos posts pendientes y/o en borradores que me flipo de llevar tan al día esta doble vida.

En conclusión y volviendo al tema… Que le he dicho a mi marido que tiene que leer este libro sí o sí. También se lo he dicho a mi madre y a un par de amigas de esas que cuando les hablas de RA te dicen: “Qué guay, no, te ponen un hijo y te preñas”. Es difícil saber qué pasa por la cabeza de una infértil si no lo has vivido, pero es más difícil aún transmitirlo sin hacer que a la gente le demos pena y creo que este libro lo consigue. Así que gracias.

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