Estamos aprovechando este fin de semana largo para contar lo del embarazo a los amigos. Sí, por un lado me hubiera gustado apurar un poco más y contarlo algo más adelante pero había dos factores que han hecho que tuviera que ser ahora: 1) a nuestras familias les da un jamacuco si no lo pueden contar aún (primer nieto por ambos lados) y el más importante es el 2) mi placenta no parece tener ninguna intención de dejar vía libre para que nazca el niño y eso implica muchas posibilidades de hemorragias y, por tanto, de reposo. No puedo seguir diciendo que no a todos los planes, ni continuar mintiendo a los clientes, ni tampoco seguir recluyéndome en casa. Lo lógico es decir “me apunto a la comida, pero si a última hora resulta que mancho, pues no iré”. Mucho mejor eso que decir: “no, que el sábado tendré gripe”. Al final muchos amigos pensaban que teníamos algún problema serio.

A nadie le hemos ocultado que ha sido vía reproducción asistida, pero lo hemos hecho sin forzarlo. En un caso, me preguntaron si los días antes de la falta tenía alguna sospecha y mi respuesta fue clara: “Ha sido in vitro, así que durante 10 días sabía que fecundar, había fecundado”. En el otro caso, hicieron algún comentario de que el niño (es un niño) se parecería especialmente al señor D y fue una frase tipo “seguro que ese día, D lo dio todo” y mi respuesta fue: “Sí, tuvo que dejar una muestra para una fecundación in vitro, espero que al menos estuviera pensando en mí”. Ninguna reacción violenta ni extraña en ninguno de los dos casos, todo muy natural.

¿Cómo han reaccionado los amigos al saberlo? Pues creo que realmente bien. Algunos nos han preguntado un montón de dudas (¿Cuánto cuesta? ¿Es muy duro? ¿Lleva mucho tiempo? ¿Puedes elegir sexo? ¿Los óvulos son tuyos?), otros lo han visto con tal naturalidad que nos han contado casos de amigos o hermanos que han tenido a sus hijos por reproducción asistida, incluso ha habido quien nos ha dicho un: “pues está bien saberlo por si nos pasa y necesitamos información”.

Una de las reacciones que más me sorprendió fue la de una buena amiga, madre de dos niños pequeños. Le expliqué que era un alivio contarlo porque llevaba semanas ocultándolo y me preguntó por qué lo ocultaba. Le expliqué que por acojone y luego, cuando al cabo de un rato le dije que había sido in vitro, ella me dijo que entendía entonces lo del acojone.  Aquello me recordó a Gloria y a la naturalidad y a la tranquilidad con la que las embarazadas ‘normales’ viven sus embarazos, mientras las infértiles estamos eternamente jodidas, acojonadas y pensando que todo irá mal. Y, la verdad, ya no me apetece sufrir.

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