(Esta es la segunda parte de mi parto, puedes leer la primera si has llegado aquí por casualidad. Esta también está escrita desde el hospital al día siguiente de parir)

Al poco de hacer la llamada vino la matrona con una especie de bastoncillo para comprobar que, efectivamente, había roto la bolsa. También me monitorizó (la máquina de monitores se había quedado ya en mi habitación, visto el panorama). Confirmó que había roto la bolsa y me hizo un tacto. Mi cérvix ‘de papel de fumar’ debe ser ya una leyenda urbana en este hospital. Confirmó que mi cuello era inexistente y que, en el momento que se terminara de abrir, la dilatación iría a toda leche, así que me recomendó dormir todo lo que pudiera. Y lo intenté, de verdad que lo intenté.

Conseguí dormir intermitentemente entre contracción y contracción hasta que el dolor y la frecuencia lo hacían imposible. Igual que por la mañana dudaba si venirme por las contracciones, entonces dudaba si llamar o no a la matrona, pero al final le pedí a V que se levantara y dijera que tenía contracciones muy dolorosas y muy frecuentes. De nuevo, matrona, tacto y monitores.

Estaba ya de 3 cm y me preguntó si quería epidural. En esos momentos, solo pensaba en la epidural y me dijo que tardarían un poco (Claro, eran las 3 de la madrugada y el anestesista estaría durmiendo en su p**a casa), así que me armé de paciencia, me puse el camisón de quirófano y en nada estaba rumbo a la sala de dilatación. Allí me enchufaron de nuevo a monitores y me pusieron ya en la cama en la que tenía que parir. Las contracciones dolían cada vez más y el calor era insportable, así que me quité el camisón y fui en pelotas por la sala, me daba igual. Entonces llegó el gine con cara de dormido y le pedí perdón por ser la tocacojones que se pone de parto de madrugada. Mi día había empezado hablando con él y parecía que iba a terminar de la misma manera.

En ese punto sí que se mezcla todo. Me preparan para la epidural entre contracción y contracción, con la sensación de que la pelvis se partía en dos. El lado derecho me hizo efecto inmediatamente, pero en el izquierdo me quedaba un trozo que seguía doliendo. En el siguiente tacto estaba ya en dilatación completa. Me pusieron más anestesia, o eso fue antes. Entre el cansancio y la inyección para dormir, todo era muy confuso. Me llevaron a la sala de expulsivo y allí fue todo rápido.

Empecé a empujar y la matrona a empujar tripa abajo para que saliera el bebé porque parecía que estaba encallado en un punto. Ellos me daban instrucciones y yo empujaba y empujaba y en menos de 40 minutos, el niño estaba fuera. No pude ni verlo porque se lo llevaron inmediatamente a la pediatra. En esos momentos no nos atrevíamos ni a mirar ni a preguntar qué estaba pasando. A mí me cosieron, expulsé la placenta… En algún momento oí al niño llorar muy poco.

Luego la pediatra nos explicó que se lo iban a quedar en neonatos porque le había costado respirar y habían tenido que entubarle. Que lo más probable era que hubiera sido un momento muy agudo, pero que había que ver la evolución y hacerle pruebas. Estaba tan agotada y tan en estado de shock que creo que no fui capaz de reaccionar. Además, se llevaron a V a que hiciera el ingreso del niño. A mí me cosieron y me subieron y la matrona (un amor de mujer) se vino conmigo para que no estuviera sola.

Intentó tranquilizarme, me dijo que había sido solo un momento, que el oxígeno del cordón estaba bien, que en cuanto le habían puesto la respiración el niño había arrancado a respirar sin problemas… Pero yo seguía en estado de shock. También me dijo que era (es) muy guapo, pero yo no lo había podido ver.

Luego volvió V, que sí que había estado con el niño en la incubadora. Dijo que le habían explicado que se estaba espabilando y que le iban a quitar ya el respirador, que nos irían diciendo. Con todo ese percal, intentamos dormir algo. Eran las 6.30 de la mañana. Hasta las 8 intentamos dormir. Yo soñaba que me despertaban las contracciones y las patadas del niño que ya no tenía en mi interior, pero que tampoco estaba con nosotros. Empezaba entonces la tercera fase, la del vacío.

(Cuando escribí esto, aún no sabía que el niño iba a evolucionar bien. Tengo pendiente la tercera y la cuarta parte pero ahora mismo mis días no dan para más. Prometo tenerlos pronto. La foto es de lo único que me quedó de mi hijo en el parto, no pude verle ni tocarle con mi uña mugrienta de cogerme a todo para aguntar el dolor de las contracciones).

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