(El vídeo está abajo. Esto es la imagen que genera automáticamente y a traición la plantilla de wordpress)

Anoche estábamos en el sofá el señor D y no me atreví a contarle un pensamiento de esos locos que pasan por la cabeza. Nos imaginaba a los dos en el mismo sofá, tapados con la misma manta (sentimentalismo puro y duro), viendo alguna otra serie en VO, pero dentro unos años. Y me preguntaba cómo recordaría esta época en ese futuro que me pasó a traición por la cabeza. En aquel momento pensé que nunca lo lograremos y que en esas tardes de sofá y de pensamientos huidizos, como mínimo, podé estar tranquila por haber hecho todo lo que pude en su día y por haber dejado de torturarme por los errores del pasado, si es que algún día fueron errores.

Esas situaciones siempre me hacen pensar en esta canción de Manel, que tiene un tono como futuro y nostálgico aunque eso sea un oxímoron, pero me flipa lo de ‘seràs tota una experta en tirar endavant’. Para desgracia para mí, ya lo soy y a veces me encantaría no serlo, no tener que pensar en ser fuerte, no tener que ir mirando siempre adelante. A veces me molaría poder permitirme se durante media hora una damisela en apuros, alguien que se deje salvar.

Hay días imposibles y días en los que todo parece imposible, justo lo leía hace un ratito en Twitter. Son días de pensar que nunca lo lograremos, que cada paso será más difícil que el anterior, que mi cuerpo envejece mucho más rápido de lo que debería. Los días imposibles lo mejor sería poder irnos de Erasmus de nuestra propia vida o subir al espacio y vernos pequeñitos y desde fuera. Me siento así ya y solo acabo de empezar. No sé si estamos genéticamente predispuestas a sufrir o que nos protegemos tanto que no dejamos un espacio a disfrutar mínimamente de algo.

Los días imposibles me da por pensar que debería buscar algo en lo que centrar mi atención y mis fuerzas para no dedicar tanto disco duro mental a la putainfertilidad, pero eso ya lo he hecho antes y solo me sirve para vivir aún más estresada. Los días imposibles me encantaría tener una varita mágica y poder despertarme en la playa a principios de junio, a las ocho de la tarde, cuando la arena aún está fresca al atardecer. Sentarme, llorar todo lo que me apetezca, beberme una copa de vino y volver a transportarme a aquí y a ahora como si no pasara nada.

You Might Also Like

Leave a Reply