Tema polémico, ya podéis lapidarme.

Antecedentes 

Empiezo por decir la verdad: llegué al parto sin haber tomado ninguna decisión sobre si dar pecho o no. Miento, llegué al parto con la idea de intentarlo, de no quedarme con el remordimiento de ‘ni siquiera lo intenté’ y de hacerlo si me iba de cara porque soy así de egoísta y de práctica y prefiero que mi hijo tenga una madre cuerda a que tenga una central lechera. Tenía previsto ir a las sesiones de lactancia de mi centro de preparación a parto pero, oh sorpresa, parí dos días antes, así que mi formación en lactancia materna era básicamente cero. Y el último factor que para mí era importante: puedo trabajar en casa. Trabajando en una oficina o teniendo que incorporarme al trabajo fuera de casa de forma inmediata, no creo que lo hubiese intentado, pero si las circunstancias acompañan, era otro motivo para intentarlo.

Imprevistos

Un par de horas después de que me subieran a la habitación el día del parto, apareció la matrona y me preguntó si pensaba dar pecho y le conté lo mismo que he puesto en el párrafo anterior. También le dije que al estar el niño en la incubadora lo daba casi por imposible, pero ella me dijo que fuera estimulándome con una máquina saca leches para intentar que la subida de la leche llegara cuanto antes y me dio la clave: todo lo que me sacara, aunque fueran mililitros de calostro, se lo podrían dar a mi bebé cuando empezara a comer. Eso fue lo que me convenció: no podía hacer absolutamente nada más por el niño que sacarme leche y me puse manos a la obra. 15 minutos de cada pecho cada 3 horas (menos por la noche, que pasaba y necesitaba dormir), esas fueron las instrucciones. Poco a poco fue saliendo calostro y yo se lo llevaba a las enfermeras de la planta para bajar a neonatos.

El alta

Cuando me dieron el alta, aún no tenía demasiada leche, pero del hospital me fui directita a la farmacia a comprarme el Swing de Medela para continuar con la estimulación y, oh sorpresa, ese día por la noche empezó a salir leche. A mí me parecía una barbaridad de leche, pero es porque no tenía ni idea de lo que me venía por delante. Empecé a sacarme leche y a intentar acumular para congelar en bolsitas. Al día siguiente, cuando entrábamos en el hospital, nos dijeron que el bebé estaba ya fuera de la UCI y podríamos alimentarlo ya en la siguiente toma, que era a las 12. Cuando llegamos a las 12 nos prepararon un biberón de leche artificial y, cuando se lo acabó, me lo puse en el pecho para ver si se cogía y se cogió casi inmediatamente. Me explicaron que si me sacaba leche, podían darle los biberones con mi leche y mientras V estaba con el niño, me saqué como 200 ml y se los llevé a las enfermeras, que me miraron con cara de: “No jodas que todo eso es tuyo”. Pues sí, era mío.

La doble pesada

Los primeros intentos en el hospital de darle pecho fueron con doble pesada y, según su báscula, el niño no tomaba nada, pero yo notaba que la leche salía. En una de esas, tuvo una bajada de azúcar y decidieron que era mejor darle biberón de mi leche hasta que se estabilizara y yo le cogí miedo al pecho porque pensaba que el niño no tomaba suficiente. Eso fue un miércoles y ya les estaba llevando suficiente leche para todas las tomas, incluidas las de la noche. El jueves aparecí con otra bolsa de leche y había otra enfermera, que me recomendó que lo intentara una vez más con el pecho en lugar de seguir con biberón. Para mi sorpresa, la doble pesada dijo que el niño había tomado 80 ml, cuando estaba en 40 ml de biberón.

El miedo al peso

Salimos del hospital con ese miedo a que el niño no estuviera cogiendo suficiente peso y pensamos incluso en comprar una báscula para llevar algo de control, pero como nos dieron el alta un viernes y el lunes ya teníamos cita con la pediatra, decidimos esperar a ver qué nos decía. Y nos dijo que en 3 días había subido 200 gramos, así que no había problemas con mi leche. Nos dijo que nos olvidáramos de los horarios de hospital, que a demanda y que por las noches no hacía falta despertarle si seguía comiendo así de bien. En casa, el niño empezó a tomar mucho más que en el hospital y a engordar unos 400 gramos a la semana.

La experiencia

En general, la lactancia no está suponiendo una mala experiencia, pero tampoco es algo que convertiría en militancia. Le doy pecho a mi hijo porque es lo mejor para él y porque me resulta cómodo. No hay que preparar biberones ni ir por ahí calentándolos, con el pecho tengo mucha más libertad y él parece feliz así, de forma que todos contentos. Me sigo sacando bastante leche (llevo desde la última crisis congelando unos 100-150 ml extra) pero la congelo, no quiero que nadie le dé un biberón a no ser que sea estrictamente necesario. Por la noche me resulta más cómodo estirar el brazo y coger al niño (tenemos cuna de colecho) que levantarme a calentar biberones, así que de momento todo va bien.

Los momentos difíciles

Pero la lactancia es dura, joder. Mi vampirito, porque es un vampirito, tiene la manía de destrozarme el pezón izquierdo porque abre muy poco la boca y me lo destroza. En el otro, cuando ya lleva un rato tomando, empieza a pegar cabezazos y a pelearse con el pezón como si estuviera mosqueadísimo, así que cuando me hace mucho daño tengo que usar pezoneras un par de días hasta que se me pasa el dolor. Los discos de lactancia que tengo (son de Suavinex) me molestan un montón y las copas de recogida de leche de Medela que me compré me oprimen un montón la areola y me hacen bastante daño. A veces tengo tanta leche que me duelen los pechos y tengo que enchufarme a la máquina para no terminar con mastitis (dice mi madre que necesitaremos un congelador supletorio y la verdad… creo que sí).

Las crisis

Aprendí lo que era una crisis de lactancia buscando en Google algo parecido a “tomar pecho con ansiedad” porque a la semana de estar en casa, Vampirito se volvió loco, se paso 48h pegado a la teta y pegando patadas, con muchísima ansiedad, peleándose con los pezones… Luego se lo expliqué a la pediatra y me contó que eso lo hacía él para incrementar mi producción y que la situación se calmaría… Y se calmó durante unos días. Luego volvieron otras 48h de tomar y tomar y tomar y tomar y, de nuevo, después la situación volvió a algo parecido a la normalidad y el niño se estabilizó.

En resumen

Pues que nunca me hubiera imaginado dando pecho ni teniendo tanta producción. La lactancia es dura, pero tengo mucha leche, no sufro demasiado y al niño le va genial porque está subiendo de peso como corresponde. A veces es frustrante que nadie te pueda ayudar, es frustrante cuando el niño se queda frito a los 10 minutos y, cuando ya te has vuelto a vestir, quiere tomar otra vez. Por no hablar de lo fea que es la ropa de lactancia y el miedo que me da el invierno y a ver cómo me saco la teta sin congelarme. O el repelús que da ir en pelotas por casa camino a la ducha y darte cuenta de que llevas los dos pechos chorreando como si fueran estigmas. Ahora noto de repente las subidas y esos momentos ya no me pillan desprevenida.

Así que encantada (por el momento) de dar pecho, pero probablemente estaría igual de encantada si le diera leche de fórmula. Si les preguntáis a mis pezones, probablemente os den otra visión del asunto.

(La foto es de vampirito intentando encontrarle la teta a su padre).

 

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5 Comments

  1. Nerea Zambrano

    noviembre 7, 2017 at 12:56 pm

    hola! Me ha gustado mucho tu post… como vamos a la par con la crianza de nuestros monstuitos,.. Aix, sí que es complicado esto de la lactancia, sí. Y es mi segunda eh, pero parezco nueva. Todo lo que comentas es normal: el miedo al dichoso peso, las tomas en las que están como medio poseídos… Yo personalmente creo que has hecho bien al menos en probarlo, y me alegra que te vaya tan bien (aunque no le creas, te está yendo genial). No solo por la producción, si no porque como dices es práctico, cómodo, él está feliz..

    Verás como poco a poco todo se regula. Con mi hijo mayor, no llegué a disfrutar realmente la LM hasta los 3 meses aprox, cuando ya no se pasaba el día enganchado a la teta y todo era más tranquilo y relajado…

    Sobre los discos de lactancia, te recomiendo los de Mercadona, que además están genial de precio. Está bien que te vayas sacando si estás molesta, pero ojo, es muy pronto para sacarte muy a menudo (piensa que entre lo que él mama + lo que tu sacas, puedes estar diciendole a tu cuerpo que esa es la leche que necesitas tener, y entonces entras en bucle (cuanto más sacas, más tienes…).

    Ánimo!!!

    1. senseandinfertility

      noviembre 8, 2017 at 11:57 am

      Mil gracias por los consejos! Estoy contenta con la decisión y con cómo está yendo todo, aunque soy consciente de que si la cosa se tuerce, me costará perseverar, pero mientras sea lo mejor para él… ¡Quién me ha visto y quién me ve!
      Lo del sacaleches lo sé, pero a veces me duele un montón y saco lo justito para descongestionar, estos días han sido complicados pero parece que él y los pechos se van regulando. Y la tengo los discos de Mercadona en la lista de la compra! 🙂

  2. Cristina

    noviembre 20, 2017 at 11:54 pm

    Sí que te está yendo bien la lactancia, sí! Si yo te contara la mía… Que lo haré, en un post en el blog…Hay historias de terror que dan menos miedo, jejjej, pero nada, ahí seguimos! Por cierto, la foto buscando la teta al padre, buenísima! Mi niña es tan glotona que creo que le busca la teta hasta al perro! 🐶🤣

    1. senseandinfertility

      noviembre 22, 2017 at 10:03 am

      PEr cert, acabe de visitar el teu blog. Quina feinada fer-lo bilingüe! 🙂

  3. senseandinfertility

    noviembre 22, 2017 at 10:00 am

    jajaja es que tenemos vampiritos en lugar de hijos
    La parte ‘teórica’ me está yendo muy bien, pero con lo independiente que he sido toda mi vida, esto es ponerme a prueba cada día jejeje

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